domingo, 5 de julio de 2009

Entre sabanas

Me despierto bajo la sabana. Tapado hasta arriba, cubriendo la cabeza. En la cama no estoy solo. Una pareja, supongo, de hombre y mujer, hacen el amor a mi lado. Sus jadeos se aceleran a la vez que sus movimientos. Supongo que están en la penetración. Se que se acerca el clímax. Lo intuyo. Lo conozco. No me muevo. Solo miro desde el interior de la sabana. La boca de ella, en pleno orgasmo, en el goce, se acerca a la tela. La absorbe y casi se la come. Percibo el volumen y la forma de sus labios. Siento su aliento húmedo. Me estremece su último grito.

Me dejo caer sobre la cama. Agotado y sudado, pero satisfecho. Mi sonrisa me acompaña. Mis ojos cerrados, una de mis manos sobre el pecho, la otra agarrada a su mano, y el pito desinflándose. Pronto dormiré en efluvios de dulce licor. Adiós (suave). Felices sueños (ni sus pensamientos lo oyeron).

El cuarto se me queda pequeño. Quiero mar y quiero sal. Una ola que me enganché por la cintura y me levante. Los senos que tengo erizados, no paran de pedir más. Corre, corre por la playa, salta. Los pómulos de mis caderas quieren chocar contra el rompeolas del acantilado.

Un hombre, una mujer y el colchón de su cama.

P.D.: Algunas cosas nos hablan, como la radio, el secador, la ducha, la cisterna del baño, el frigorífico,... en cambio otras, solo nos oyen y nos sienten. Si hablara nuestro colchón.

1 comentario:

  1. ole reflejo. mi telefono vio la sonrisa que me delataba... eleee
    eres muy grande.

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