jueves, 9 de julio de 2009

Cuando el Dios Yahvé era un niño, pasaba las horas mirando ensimismado jugar al mus a las arañas. Era uno de esos tipos raros y solitarios, que no tenía mucho trato con los otros niños Dios. Un día en la escuela de Dioses, les enseñaron a crear mundos. El Dios Yahvé, hizo para su trabajo de fin de curso, primero un muñeco de barro, que llamo hombre y luego creo otra figura que llamo mujer. A partir de entonces, dejo su antigua afición, las musarañas, y se entrego en cuerpo y alma, en hacer más grande su mundo.
Se convirtió en arquitecto, ingeniero, artesano, carpintero, albañil y armador.
A sus muñequitos ya de carne y hueso, les dio la capacidad de pensar. Y comenzó una nueva manera de disfruté. Con leyes naturales, y su presencia en distintas formas, comenzó a manipularlo todo a su antojo, para diversión propia, como cuando un niño destruye un hormiguero, mutila al saltamontes, se mea sobre un escarabajo, aplasta al caracol…
Sus muñequitos de barro, se convertieron

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