lunes, 18 de mayo de 2009
Tributo a Mario Benedetti.
Ustedes de Mario Benedetti.
Ustedes, los mandarines de la tortura, los distribuidores del castigo, los que se cebaron en el prójimo indefenso, ¿cómo pueden soportarse en el insomnio, regocijarse en el cariño de su madre?.
Lo más asqueroso de su cochina memoria es su imitación de vida. Casi todos dicen ser devotos. ¿Será que acaso creen que su dios es un desalmado, un feroz, un iracundo? Puede ser.
Ustedes, los que hieren los que fusilan, los que arrojan cadáveres al mar, los que no pueden ni con su sombra, los que dejaron la conciencia en el desiero y el futuro en el pasado, ¿son tan cobardes como para colgarse en el pecho una medalla o abrazar a sus hijos sin el menor escrúpulo?
Por favor, miren hacia arriba, atraviesen las nubes y luego déjense caer caer caer. El suelo los espera con la muerte, no la de todos sino una más roñosa.
Si, ustedes, mi tributo.
Si, ustedes.
Estoy con Mario. Esmerados creadores del mal, científicos de laboratorio de invencible moral, ¿no les asalta ninguna duda?, ¿no poseen ningún espejo que les provoque el flaqueo de su convicción?
Les da igual. Sus argumentos, que son los de siempre, les justifican. Su fidelidad al poder del dolor es inquebrantable, la defensa de su status, numantina.
No nos dan la espalda para no vernos, si no para que no les veamos como se ríen de nosotros.
Si, ustedes.
Estoy con Mario. Asesinos, estranguladores de ilusiones, ¿cómo tienen la vergüenza de pasear tranquilos por la vida?, ¿cómo pueden liderar la ayuda a su adversario, a su victima?
Siguen evitando su suicidio, reforma tras reforma, continúan dependiendo de si mismos. Se creen los elegidos.
Sus herederos, legítimos o bastardos, perduraran hasta que nuestra inteligencia no sea más bella que su áspero encanto del poder.
Benedetti, nos dará canciones para luchar.
Una ilusión del
pirata rata
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