Mirando al cielo, la mente vuela.Es de día, no hay estrellas.
En un momento regalado, me encontré pensando con mujeres grandes, gordas. Y me fije en sus detalles, llenos de significado.
En sus ojos dulces y diversos, en el tamaño de sus labios, en el volumen de sus pechos, pequeños o grandes, según el caso. En el vientre de buda, en la abrupta orografía de su cuerpo, en la silueta redonda de su cadera.
En el cielo, una nube se retuerce. En detalle, de expande y contrae. Su perfil redondeado de algodón varía con el viento.
Las deseo por igual. Me río con ellas por igual.
Sus tatuajes dicen lo mismo, las piso de la misma manera cuando bailó con ellas.
Me gustan las mujeres gordas. Me gustan las mujeres sin adjetivos.
Últimamente me siento más cómodo entre ellas, no porque no sea terreno movedizo, si no porque prefiero una sonrisa de las suyas a un discurso en estereo de asteroides machos.
Miro al cielo y se me va el santo.

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