
Cuando Ricardo Hernandez era amigo mío, me invitó a la fiesta de su cumpleaños que iba a celebrar en su casa. Vivía en un barrio residencial, de esos donde las viviendas son individuales, de dos plantas, con piscina y jardín propio. Para mi casi era una mansión.
Desde el mismo momento que pulsé el timbre, y me abrieron la puerta, sentí que abandonaba la realidad, y entraba en un mundo de fantasía. Me dijeron que el anfitrión estaba ocupado y más tarde me saludaría. Pasé a un salón lleno de gente, no conocía a nadie. Por momentos, comencé a sentirme mareado, y me tuve que sentar, alguien se percató y me entregó un vaso de un refresco rojo. Me explicaron que era una mezcla de zumos de fruta, sandía, fresa,… , a mi oído llegó un pitido, las conversaciones me resultaban ininteligibles. Llegué a la conclusión que en el ambiente había alguna sustancia alucinógena.
Como no encontraba a Ricardo, deje mi regalo encima de una cómoda y decidí marcharme, sin despedirme. En ese instante, se abrieron unas puertas laterales y toda la gente, incluida yo en volandas, entramos en otro salón con el techo lleno de banderas y globos de diferentes colores y en medio se encontraba Ricardo sonriente, nos comunicó que íbamos a jugar, nos dio una especie de palos con un pincho, y que a la señal deberíamos hacer estallar los globos.
Así lo hicimos, y del estallido de los globos empezaron a salir volando mariposas de colores, el asombró general se refrendaba con gritos y chillidos de exclamación. Tras cada explosión se alentaba para que el siguiente continuara, y ver de que color eran las siguiente mariposas, amarillas, moradas, rojas, azules… se mezclaban en el aire.
La cantidad de mariposas que revoloteaban en la habitación empezaba a ser importante, se habían cerrado las puertas para que ninguna saliera, para que el espectáculo fuera mayor.
Cuando a una de las chicas se le empezaron a enredar las mariposas en el pelo, empezó el pánico. Parecía que las mariposas se estaban volviendo locas. Excitadas o temerosas se movían rápidamente como un enjambre de abejas. Me di cuenta a mi espalda que uno de los invitados estaba siendo atacado por las mariposas, y en su cara corría la sangre, sus ojos, sus ojos estaban cubiertos por los insectos. Todos intentamos salir de la habitación, corrimos a la puerta y nos aplastamos y pisoteamos, en el suelo, mas tarde me enteré que era un primo de Ricardo, se ahogaba por la cantidad de mariposas que se le habían introducido en la boca.
Ya fuera de la habitación y de la casa el peligro pasó.
Nadie pudimos escapar de alguna mordedura, pero la mayoría nos salvamos. Murieron cuatro personas.
Tras la investigación de los hechos, nos enteramos que las mariposas que habían comprado los padres de Ricardo por interné, pertenecían a una especie africana que en libertad no era agresiva, pero en cautividad resultaba de un comportamiento feroz, y encima si se las juntaba en cientos, su peligrosidad aumentaba.
Esa fue la explicación de lo que vivimos aquella tarde.
Desde entonces coleccionó mariposas, las coleccionó muertas, no sin que hayan sufrido antes, sus patas, sus alas, sus antenas, lo tengo todo guardado.
Continuo en ese mundo irreal, sigo mareado.